Vive y deja vivir

“Realmente no entiendo el lesbianismo, les gustan las mujeres que parecen hombres, se peinan como hombres, se visten como hombres, ¿por qué no se buscan un hombre de verdad?”, o “Sigan aprobando leyes depravadas y Dios seguirá castigando a la humanidad.” No es difícil encontrar o escuchar argumentos como los recién mencionados.

En la mayoría de las noticias que involucran temas de identidad de género y orientación sexual, todos se sienten especialistas y dicen saber sin lugar a dudas qué es lo natural y qué no, saben lo que te llevará al cielo y lo que te llevará al infierno. Hay pocos temas que provocan discusiones tan airadas en nuestra sociedad como la igualdad de derechos para la población LGBTI (sigla en inglés que agrupa a lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales).

Pero, ¿por qué hay gente que se siente amenazada en su forma de vivir a tal punto de sentir la necesidad de  “defenderse” contra esta supuesta amenaza con una mezcla entre agresión y paranoia? ¿Por qué hay tantos prejuicios infundados contra el 5-10% de la población?

Pareciera que la vieja ecuación “miedo + ignorancia = odio” cobra plena validez cuando de  diversidad sexual  se trata.
La palabra homofobia viene de la palabra griega “fobos” que significa pánico. ¿Pero es realmente miedo? A diferencia de la homosexualidad, la homofobia no es innata. Ningún niño o niña nace repudiando a otros “porque sí”. La homofobia es aprendida en casa, en el grupo de amigos, en el colegio, en la iglesia y en la sociedad.

En nuestra sociedad actual la homofobia es brutalmente real y a lo largo de la historia varias culturas han mostrado esta actitud. Una de las más conocidas del último tiempo fue la persecusión de homosexuales durante el régimen nazi. Bajo el artículo 175 de la constitución alemana, el sexo entre hombres era penado con cárcel o centros de concentración.

En 1973 la Asociación Americana de Psiquiatría y dos años después la de Psicología determinaron que la homosexualidad no era un problema mental o emocional. En 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS) la excluyó de la clasificación internacional de enfermedades y otros problemas de salud.

A pesar de que la homosexualidad ha sido comprobada en más de 1500 especies desde el primate hasta el parásito, sigue siendo ilegal en más de 79 países.

En estos países los castigos por los actos “impuros” e “aberrantes” varían desde multas, latigazos, penas de cárcel hasta la pena de muerte. Más información con un click en el mapa.

En países como Rusia, la ley “anti-propaganda”  prohíbe tratar temas de orientación sexual e identidad de género con menores y quien la quebrante, influenciando la “decisión” en la orientación sexual de un niño, será penado por la ley. Según el presidente Vladimir Putin es necesario que Rusia se limpie de la homosexualidad, ya que amenaza al crecimiento poblacional. Muy parecido fue el argumento de un senador chileno para votar en contra del Acuerdo de Vida en Pareja (AVP) tramitado recientemente en Chile para mejorar las condiciones legales y sociales de parejas de igual o distinto sexo.

Mientras que para él y varios parlamentarios es la información y la educación sexual la que influencia a niños y niñas, para otros como al recientemente reelecto presidente de Bolivia Evo Morales, “cuando los hombres comen pollos (con hormonas femeninas), tienen desviaciones en su ser como hombres”.

Estos niveles de ignorancia se ven generosamente respaldados por quienes sienten que son poseedores de la verdad, y por tanto, los que pueden diferenciar lo natural de lo que no lo es. Para ser franco, afirmar qué es natural y qué no, basándose en un obra en la cual hay serpientes que hablan, una mujer virgen dando a luz, caminatas sobre el agua y resucitaciones, no me parece lo más indicado.

El reciente sínodo de familia de la Iglesia Católica, si bien ha dado algunos pasos en la dirección de la inclusión, solo permitió solicitar para la comunidad gay un trato con “respeto y delicadeza”.

El reciente sínodo de familia de la Iglesia Católica, si bien ha dado algunos pasos en la dirección de la inclusión, solo permitió solicitar para la comunidad gay un trato con “respeto y delicadeza”.

La cita del entonces arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio, quien afirmaba que la boda gay “no es una lucha política, sino la pretensión destructiva al plan de Dios”, no parecía diferenciarse mucho de las declaraciones de su antecesor el papa Benedicto XVI quien hablaba de la protección del hombre frente a la autodestrucción provocada por esta “anomalía”.

Cuando hablamos de los derechos para la población LGBTI, estamos hablando de derechos humanos, de igualdad ante la ley, también con el objetivo de erradicar el odio que conlleva un riesgo de suicidio 4 a 6 veces mayor en estos jóvenes en relación a sus pares heterosexuales.

Mientras que insultos como “maricón” sigan liderando la lista de insultos en colegios y niños, jóvenes y adultos sigan negándose y viviendo escondidos por miedo a ser rechazados por su familia, sus amigos, conocidos y por la sociedad en general, quedará aún una gran tarea pendiente.

La creación de una sociedad más justa y tolerante no puede recaer en un grupo, depende de cada uno de nosotros. Nuestras actitudes diarias forman cambios en nuestro entorno. No esperemos que alguien más lo haga por nosotros.                                      Es tiempo de actuar ¡ya!

Benjamin Alvarez

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