¿Medida democrática o golpe de Estado?

En un poco más de 100 días comienzan los juegos olímpicos en Brasil. Pero no solo en la ciudad anfitriona, Río de Janeiro,  es un tema que pasa casi desapercibido.

El domingo 17 de abril, la Cámara de Diputados de Brasil votó con una mayoría abrumadora (367 votos a favor, 137 en contra) a favor del impeachment de la Presidenta Dilma Rousseff. Su caso pasará ahora al Senado, dejándola a un paso de su destitución.

Desde que la candidata del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) asumiera la presidencia en 2011, se han registrado apróximadamente 30 peticiones para removerla de su cargo. Mediante el proceso de impeachment, la justicia puede procesar y condenar a un alto cargo público, luego de que haya sido apartado de sus funciones.

Rousseff está acusada de ampliar el presupuesto público sin la autorización del Congreso, después de que su gobierno no cumpliera la meta fiscal del 2015. Además se descubrieron préstamos ilegales de un banco estatal para el pago de programas agrícolas. La novena economía mundial se encuentra en una recesión económica, una crisis con repercusiones a nivel global.

Las acusaciones no solo apuntan a Dilma, al expresidente Lula da Silva y al partido político al que ambos pertenecen. También dentro del Partido de Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el cual tras romper con la coalición de gobierno está en pie de guerra con el PT, hay varios acusados.

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Dilma Rousseff (PT), Michel Temer (PMDB), Eduardo Cunha (PMDB) y Luiz Inácio Lula da Silva (PT)                          © Jornal O Globo

A Michel Temer, vicepresidente y uno de los líderes del PMDB, se le acusa de estar directamente involucrado en varios casos de corrupción y soborno de la petrolera Petrobras. Su compañero de partido y presidente de la Cámara de Diputados , Eduardo Cunha, fue acusado de haber recibido más de 5 millones de dólares en sobornos de esta misma empresa. No son casos excepcionales.

De los 513 honorables miembros de la cámara baja que el domingo votaron a favor del impeachment de la Presidenta, 299 enfrentan cargos de distinto tipo, sin embargo, están protegidos por el fuero parlamentario.

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Con pancartas de “Nao vai ter golpe!”, diputados protestan contra el impeachment de Dilma Rousseff.                Brasilia, 17.04 (AFP/Evaristo Sa)

Michel Temer, uno de los líderes del partido, no disimula su entusiasmo por la inminente destitución de Dilma. Como actual vicepresidente de Brasil ocuparía temporalmente el cargo de Presidente.  Semanas antes de la votación envió “por error” un mensaje de audio por whatsapp con su discurso “post-impeachment” a varios integrantes del Congreso.

Si la sesión de más de cuatro horas fue curiosa, lo votación que la sucedió no podría haber sido más bizarra. Varios diputados posaron en plena sesión para la prensa presente en el lugar. Tras sufragar, cada diputado tuvo la posibilidad de dirigirse a la asamblea.

¿Cuál fue la motivación para votar? En un artículo del diario El País aparece una selección: “por mi esposa Paula”, “por mi hija que va a nacer y mi sobrina Helena”, “por mi nieto Gabriel”, “por la tía que me cuidó de pequeño”, “por mi familia y mi Estado”, “por Dios”, “por los militares del [golpe del] 64”, “por los evangélicos”, “por el aniversario de mi ciudad”, “por la defensa del petróleo”, “por los agricultores” y “por el café”.

Uno de los diputados hasta votó “por la paz en Jerusalén” mientras que otro disparó con su pistola de confetti tras sufragar. Una periodista calificó la sesión como “una fusión entre un partido de fútbol,  la ceremonia de los Oscar y la serie “House of Cards”.

Otros aprovecharon sus minutos de fama para una breve performance, como el diputado que entonó alegremente: “Dilma vete, que Brasil no te quiere.”

Dilma reiteró, un día tras la votación, que es víctima de un “golpe de Estado institucional” y negó haber cometido delitos. Se defendió diciendo que los actos de los que se le acusa “son practicados por todo presidente en el ejercicio de su cargo”.           Su antecesor Luiz Inácio Lula da Silva, acusado por lavado de dinero y pago de sobornos, fue designado jefe de gabinete por Rousseff en marzo pasado. Un nombramiento que fue visto como medida para evitar un posible arresto. Mientras que Lula espera la aprobación para ejercer su cargo, parece que a Dilma se le acaba el tiempo y las medidas para oponerse a su impeachment, actualmente en las manos del Senado.

El hecho de que un alto cargo en la política o en un directorio de una empresa no sea sinónimo de impunidad legal es una de las bases que cada sistema democrático debería perseguir. La corrupción debe ser castigada independientemente del partido político, caiga quien caiga. En cambio, jugar al juego del poder bajo la primicia de “te destituyo antes de que tú me destituyas”, acusar a alguien de haber cometido un delito estando uno mismo bajo investigación para perfilarse y aumentar votos, es una de las prácticas más reprochables de la política.

Mientras que votar informado y a conciencia hace crecer la política, no hacerlo provoca que la población, ya golpeada por la crisis económica y la delincuencia, dividida entre “Fora Dilma” y “Não vai ter golpe”, tenga aún más resentimientos frente a la élite de su país.

Benjamin Alvarez

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